Tal vez haya varias opiniones; pero por el momento se me ocurren dos:
1.- Buscar un nuevo operador, pero dejar que personas especializadas manejen el tema, con transmisión nacional o internacional de los eventos y apuestas.
2.- Dejar en manos del Jockey Club del Perú la organización de nuestras carreras en su totalidad, incluyendo por supuesto el pago de premios.
El Jockey Club del Perú puede ser un gran operador de un hipódromo de gastos altos para nuestra realidad, pero pequeños para lo que ellos pueden conseguir.
En una ventanilla de la tribuna de socios en Arequipa, se juega algo más de mil nuevos soles; ¿se imaginan si el Jockey Club del Perú abre sus 98 agencias y permite que se juegue de la ciudad blanca?
¿No se les ocurre pensar que el juego local fácilmente llegaría a los cien mil nuevos soles; con gastos pequeños comparativamente hablando, con otros hipódromos?
Si el JCP asume el reto, tendría en Arequipa un buen desfogue para sus caballos, manejaría mejor la escasez de jinetes y preparadores, incrementaría los premios y evidentemente tendría un buen ingreso que por un lado serviría para mejoras locales y por otro para lo que vea por conveniente.
Tener dos hipódromos en un país, evidentemente es una buena imagen –hípicamente hablando- a nivel internacional y creo que ello sumó a favor de que en el último latinoamericano, el Perú cuente con una plaza adicional.
¿Es justo esperar que el turf arequipeño deje de existir? Claro que no; no olvidemos que las carreras de caballos bien promocionadas y con locales adecuados, significa un buen lugar de turismo en cualquier lugar del mundo.